El diseño de servicios suele aparecer cuando algo falla. Cuando la experiencia no funciona, cuando los procesos se vuelven lentos o cuando los costes empiezan a crecer sin una explicación clara.
Sin embargo, en la mayoría de los casos el servicio no ha sido diseñado como un sistema. Ha evolucionado. Se ha ajustado por partes. Se ha modificado a medida que surgían nuevas necesidades, nuevos equipos o nuevas prioridades.
Con el tiempo, el resultado es una acumulación de decisiones tomadas en momentos distintos y con criterios distintos. Y aunque cada ajuste tenga sentido de forma aislada, el conjunto pierde coherencia.
Es ahí donde el diseño de servicios deja de ser una metodología puntual y se convierte en una capacidad estratégica.
Durante años se ha hablado de experiencia de cliente, de innovación y de metodologías colaborativas. Se han incorporado herramientas como mapas de experiencia, blueprints o sesiones de ideación. Todo eso aporta valor. Pero llega un punto en el que mejorar puntos de contacto ya no es suficiente. Porque el problema no suele estar en la interfaz, está en la estructura:
- Procesos duplicados.
- Dependencias mal resueltas.
- Áreas que operan con métricas distintas .
- Decisiones que generan tensiones invisibles.
El servicio no está siendo entendido como un sistema. Y el diseño de servicios, cuando se toma en serio, trata precisamente de eso: de comprender cómo funciona el sistema completo que sostiene la entrega de valor.
No es solo una disciplina asociada a workshops. Es una forma de analizar cómo se conectan experiencia, procesos internos y decisiones organizativas. Es preguntarse quién decide qué, con qué criterio y con qué impacto en el conjunto.
El error habitual no está en usar herramientas. Está en pensar que usarlas equivale a transformar la organización.
Un blueprint puede hacer visible un problema, pero no decide qué cambiar. Un journey puede mostrar fricciones, pero no prioriza qué tensión es estratégica. La diferencia no está en el método, sino en la lectura que se hace de él.
Por eso cada vez más organizaciones entienden que el diseño de servicios no es solo una competencia técnica. Es una capacidad estratégica. Permite identificar fricciones estructurales, reducir ineficiencias invisibles y alinear áreas que operan desde lógicas distintas. No se trata de rediseñar todo desde cero. Se trata de saber dónde intervenir y por qué.
En entornos cada vez más complejos, donde los servicios son digitales, híbridos y transversales, esta capacidad deja de ser opcional. Se convierte en clave para sostener la coherencia y el crecimiento.
Muchas empresas ya hablan de innovación y transformación. Sin embargo, pocas han desarrollado una competencia sólida para analizar sus servicios como sistemas completos.
Ahí es donde surge la necesidad de profesionalizar la práctica.
Desde Dothink Lab hemos visto esta situación repetirse en distintos equipos: profesionales con base en innovación o experiencia que aplican metodologías con solvencia, pero que necesitan fortalecer su mirada sistémica para intervenir con mayor profundidad.
Por eso hemos lanzado el Curso de Diseño de Servicios, impartido por Xènia Viladàs, con una amplia trayectoria en diseño estratégico y acompañamiento a organizaciones. El curso ya está disponible y está pensado precisamente para desarrollar esa capacidad: entrenar el análisis, fortalecer el criterio y ayudar a intervenir en servicios reales con una perspectiva más estructural.
Si esta reflexión conecta con los retos que estás viviendo en tu organización, puedes conocer el enfoque completo aquí:
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